La intervención urbana como punto de intersección entre la escritura y lo pictórico, ha definido la ruta creativa de Armando Alanís a lo largo de 25 años.
En una sumatoria de lo gráfico y lo textual, Alanís ha inpuesto una marca a base de persistencia, terquedad y sudor. Sin descartar el factor talento.
Muchos años más tarde, sus paredes en blanco y negro nos revelan un estilo expresionista y lúgubre, que merece ser documentado, tocado por la luz de la curaduría, y ascendido a un nivel que trascienda lo artesanal y lo albañilesco.
Mientras eso ocurre y el caos se organiza, Armando Alanís sigue ejerciendo un discreto vanguardismo en trazos que viven a la vuelta de la esquina.
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